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Escuchamos y meditamos la Palabra de Dios para seguir mejor a Jesús.
Euskal Herriko Misiolari Klaretarren Haurren eta Gazteen Bokaziozko Pastoraltzaren Bloga. Blog de Pastoral Infantil Juvenil Vocacional de los Misioneros Claretianos de Euskal Herria
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Escuchamos y meditamos la Palabra de Dios para seguir mejor a Jesús.
Hoy, 20 de noviembre, los misioneros claretianos celebramos el martirio del Beato P. Andrés Solá. El P. Andrés Solá nació el día 7 de octubre de 1895 en la masía Vilarrasa de Taradell, cerca de Vic, en una familia humilde. Sus padres se llamaban Buenaventura Solá y Antonia Molist. Tuvo once hermanos. Su infancia se desarrolló en un ambiente familiar cristiano, donde la principal riqueza era el amor a Dios, a la Santísima Virgen y a la Iglesia Católica. En familia florecieron dos vocaciones más: Jaime, también claretiano, y Eudaldo, sacerdote diocesano de Vic.
Cursó el Postulantado en Vic pasando después al Noviciado de Cervera. Durante el año de Noviciado sufrió pruebas en su salud con las que el Señor le purificó. Su primera profesión fue el 15 de agosto de 1914.
La obediencia lo envió a México. Ejerció de profesor en el Postulantado claretiano de Toluca y repartía su tiempo con la predicación popular. Durante la navidad de 1924 fue enviado a la comunidad de León (México) donde pudo dedicarse con más holgura a la predicación a pesar del veto del gobierno mexicano a todo ejercicio pastoral, sobre todo al clero extranjero.
La persecución religiosa se recrudeció cerrando templos y persiguiendo a sacerdotes y religiosos. El P. Andrés Solá se mantuvo fiel a su vocación, continuando el ejercicio de su ministerio. Una fotografía de estudio, recuerdo de una Primera Comunión, delató al P. Solá como sacerdote. Fue acusado, junto con Leonardo Pérez, un laico colaborador, y el joven sacerdote mexicano Trinidad Rangel, de haber asaltado y descarrilado un tren. El P. Solá dijo con toda entereza: «Que me sea lícito manifestar que no tengo otro crimen, que yo conozca, que el de haber cumplido con mi deber como misionero que soy». El día 25 de abril de 1927 fueron fusilados los tres. Tanto Leonardo como el P. Rangel murieron de inmediato, pero el P. Solá, herido de muerte, tuvo una larga agonía martirial. Se les conoce como los “mártires de San Joaquín”, por el nombre del rancho en el que fueron fusilados.
Nuestro hermano claretiano, el P. Andrés Solá y Molist fue beatificado en Guadalajara (México), con 12 mártires mexicanos, el 20 de noviembre de 2005. Presidió la celebración el Cardenal José Saraiva Martins, claretiano.
Os presento un vídeo sobre el obispo claretiano Pedro Casaldáliga.
Se llama Nick Vujicic. Nació en Melbourne, Australia el 4 de diciembre de 1982, hijo de un pastor evangelico y su esposa, quienes esa mañana, devastados, no entendían por qué su primogénito había nacido sin brazos ni piernas. La madre no se había hecho ultrasonidos, de manera que nada los había preparado para aquel momento.
En un principio pensaron que no sobreviviría... pero Nick resultó ser un muy saludable bebé, "sólo" que sin brazos ni piernas. Las preocupaciones de los padres sobre cómo Nick viviría su vida fueron gigantescas, pero también fueron gigantescas la fortaleza, la fe y la resignación que tuvieron, virtudes que definitivamente le dieron a Nick el empuje necesario para llevar su vida como un ser humano normal y corriente.
Resumen del reportaje titulado Vidas Gastadas sobre la vocación sacerdotal realizado por la Diócesis de Getafe. Un grupo de sacerdotes y seminaristas de Getafe explican los distintos aspectos de la vocación al sacerdocio desde el testimonio de sus vidas.
Somos misioneros porque Jesús ha pensado en nosotros para enviarnos allí donde haga falta un poco de Él.
Testimonio de Miren Elejalde después de haber pasado dos meses en nuestra misión del Norte de Potosí.
Primero se dejan las cosas: las que se recibe heredado y viene grapado al apellido, lo que es fruto del trabajo y lleva nuestra huella.
También hay que dejarse a sí mismo: los propios miedos, con sus parálisis, y los propios saberes, con sus rutas ya trazadas.
Después hay que entregar las llaves del futuro, acoger lo que nos ofrece el Señor de la historia y avanzar en diálogo de libertades encontradas mutuamente para siempre, que se unifican en un único paso en la nueva puntada del tejido.
Con la claridad del mediodía, se renuncia al sueño de la imposible perfección. Se acerca al alejarse, cuando no derrotamos por la mella de los sentidos, el despojo de habilidades y el extinguirse lento de los fuegos originarios.
Al fin hojas otoñales, apenas pegados a las ramas, sólo nos queda abandonarnos y, casi disueltos como niños, permitirnos ser desde el Otro, desde todo otro, y, todavía tibios como brasas, entregarnos al misterio que nos acoge en su hogar de fuego, donde brillan de eternidad nuestras cenizas.
¿Cómo abandonarlo todo sin sentir al Todo llenar nuestras ausencias y seducir nuestros haberes?