Categoría: Misioa / Misión
Del miedo a la libertad
P. Bernardo Baldeón.
Antena Misionera nº 436-Año 44- Octubre 2009
No sabían qué hacer. Era una de esas situaciones donde el miedo parece que te congela hasta los huesos. Decidieron encerrarse en una casa a cal y canto.
Durante tres años habían seguido a un "maestro religioso" que había despertado en ellos grandes esperanzas. Pero la situación había cambiado de forma radical.
El "maestro" había sido ejecutado de forma cruel bajo la acusación de ser un blasfemo. Para colmo resonaban en su memoria las palabras del maestro: "recordad que al discípulo no le espera mejor suerte que al maestro". Por lógica temían correr la misma suerte.
Algunos decían que lo habían visto. Pero afirmar eso en público habría sido acelerar su propia condena a muerte. Mejor callar, esconderse y esperar que lo que había pasado fuera cayendo en el olvido.
Pero un buen día, experimentaron en su interior algo que no esperaban y que el Nuevo Testamento define con la palabra "parresía".
La "parresía" es un don del Espíritu que implica: franqueza que proviene de la libertad interior, lealtad que nace del amor a la verdad y valentía que nace de la confianza en el Señor, en su presencia, en su apoyo y no tanto en nuestras propias fuerzas.
Ésa fue la experiencia de los apóstoles el día de Pentecostés. Abrieron las puertas y ventanas. Comenzaron a predicar que el maestro, Jesús, estaba vivo. No sólo que estaba vivo, era la encarnación de lo que todo hombre y mujer está llamado a ser paa alcanzar su plenitud.
Ahí nació la misión. Y todos los expertos dicen que ese día de Pentecostés nació la Iglesia. Es decir, la Iglesia nace de la misión y para la misión.
Nace de la "parresía". Es decir, gracias a la franqueza de la libertad, la lealtad al amor a la verdad y la valentía de la confianza.
A veces nos engañamos, decimos que la Iglesia es misionera porque envía a algunos de sus miembros a anunciar el Evangelio en tierras remotas. Eso es parte de la misión, pero no necesariamente hace la Iglesia misionera.
Como comunidad eclesial hemos perdido con frecuencia la franqueza de la libertad, el amor leal a la verdad y la valentía de la confianza. A nuestra Iglesia le falta una buena dosis de aquella "parresía" que movío a los primeros evangelizadores y misioneros.
Las fronteras de la Iglesia ya no son fronteras geográficas, son fronteras culturales, religiosas, raciales ... que están en nuestras ciudades, en nuestros barrios, nuestros colegios, nuestros lugares de trabajop.
La misión hoy, en un mundo global, supone que abramos puertas y ventanas para encontrarnos como hermanos con el que piensa diferente. Necesitamos el don de la "parresía" para pasar del miedo a la libertad.
Misiolariak gara
Somos misioneros en Euskal Herria y en el mundo entero
JOMI-09
>Jovenes Misioneros es el encuentro que la Familia Claretiana de Iberia. Se celebrará en Este año se celebrará en Madrid (Los Molinos) del 4 al 6 de diciembre.
Las organizadoras del JOMI-09 son las Misioneras Claretianas.
El tema es: ÁFRICA EN BLANCO Y NEGRO. África está siendo centro de la actividad de sensibilización y educación en PROCLADE YANAPAY (campañas educativas) y también es temática del JOMI.
La Pedagogía Misionera de Jesús
PERDER PARA GANAR
(en antenamisionera.org)
Se la conoce normalmente como la parábola del “administrador astuto” o del “administrador infiel”.
Algunos han hecho equilibrios increíbles para justificar que alguien que “engaña” a su patrón sea puesto como modelo por Jesús.
En realidad tenemos que retroceder dos mil años y leer la parábola dentro de la organización social y económica del pueblo de Israel.
Jesús, al explicar lo que es el Reino de Dios, insiste varias veces en que el es capaz de perder, de empobrecerse, termina ganando.
La parábola va en ese sentido.
La Palabra de Dios
(Lc 16, 1-15)
Dios o el dinero…
El centro de la enseñanza de Jesús es la incompatibilidad de servir
a dos señores: a Dios y al Dinero.
Pero no deja de sorprender el ejemplo que elige Jesús.
El administrador aparece como alguien injusto, que se aprovecha
una vez más de su patrón para asegurarse el futuro.
Pareciera que Jesús justifica la mentira para que uno se asegure el
futuro.
Nada más lejos de la realidad. El administrador tiene que perder y
dejar una forma abusiva de actuar para que se le abra el futuro.
Nos asusta cualquier tipo de “pérdida”.
No somos capaces de comprender que a veces hay que
perder para ganar.
Jesús lo había dicho en la primera bienaventuranza: “Felices
los que son capaces de empobrecerse para compartir,
porque de ellos es el Reino”.
El Evangelio nos obliga a reestructurar nuestra escala de
valores.




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