Ángel Garachana, obispo claretiano de San Pedro Sula (Honduras)
Este claretiano burgalés llegó a Honduras por primera vez en 1972, recién ordenado y allí estuvo tres años "para abrir los ojos". Vió, pensó y preparó un plan pastoral para las comunidades que le entregó a su antecesor, monseñor Jaime Brufau. Y se volvió para España, durante casi dos décadas fue formador de jóvenes claretianos, profesor en el Instituto de Vida Religiosa de Madrid, miembro del Gobierno Provincial de la provincia claretiana de Castilla.
Pero cuando más enfrascado andaba en estos quehaceres,fué enviado a Honduras como obispo de San Pedro Sula. Tenía ante sí una diócesis con un millón y medio de habitantes y poco más de 40 sacerdotes. Corría el año 1995 y,desde entonces, Ángel Garachana solo ha pretendido ser un "obispo cercano", deseoso de mirar a su Iglesia de San Pedro Sula "desde abajo, desde los pobres".
A sus 63 años y después de 13 como obispo de San Pedro Sula, Ángel Garachana sabe lo que es llevar la cruz diaria de las muy diversas manifestaciones de violencia que sufre Honduras, aunque “la más grave de ellas -dice- es la inequidad social”. Junto a la Iglesia del país centroamericano, embarcada ahora en la misión continental impulsada desde Aparecida, trata de revertir una realidad lastrada por el desinterés de los políticos y las escasas expectativas de la población.
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