Cuatro consejos para el camino
Queridos amigos y amigas:
El mes de noviembre invita a mirar, de frente y con perspectiva, la vida como camino. Como todo camino, tiene una salida, un recorrido y una meta final. Cuando hablamos de esto, a algunos jóvenes se les abren los ojos de sorpresa y a otros la boca,… de aburrimiento. Pero no les podemos silenciar que, tanto ellos como nosotros, vamos de camino. León Felipe gritaba: “El hombre camina más allá de sus gusanos… Hay estrellas lejanas”. Y me pregunto: ¿Caminan… o deberían caminar? ¿Qué porción de ese trayecto dedicarán a taponar con diversiones y huidas los huecos y vacíos de su alma? ¿Llegarán tarde al descubrir que su barco marcha a la deriva, frágiles y vacíos… como muñecos de trapo? ¿Se conformarán con tener automóvil propio, libres los fines de semana, o poder gastar un poco más que el vecino, o a lo más lucir un cuerpo atractivo…? ¿Cómo caminarán?
Cerremos por un momento los ojos y los puños, Animadores de PV, y gritémonos a nosotros mismos que en un tiempo próximo serán cosas muy diferentes las que inquieten el corazón de esos jóvenes que tenemos tan cerca y a los que tenemos que servir bien. Podrían ser tan sencillas como éstas, por ejemplo:
1. La primera, saborear el silencio. El silencio abre a la comunicación con los otros y con Dios en un "tú a tú". Perder el miedo a escuchar el silencio. El sobreexceso de ruido en el que estamos inmersos, esconde mucho temor a la soledad y al silencio. Sin embargo, el silencio no es signo de incomunicación. Todo lo contrario: la sal de la palabra es el silencio. Frente a la tendencia a reducir cada vez más la vida a una relación esporádica e interesada con Cristo, abramos a nuestros jóvenes espacios y tiempos en los que puedan silenciar su vida y escuchen la dulce voz del Maestro bueno.
2. La segunda, vivir intensamente la liturgia. Así, tal y como suena. Frente al tópico generalizado de que la liturgia es jerga ininteligible para los jóvenes, invitémosles a adentrarse en ese misterio. Cada vez que el sacramento es dignamente celebrado, se palpa cómo Jesús interviene de nuevo en nuestra historia. Pero ello conlleva, por nuestra parte, el compromiso de cuidar mucho más la liturgia, sin vulgarizarla ni convertirla en una payasada; sin sofisticarla tanto que se les haga inalcanzable. Bastaría tan sólo con que fuésemos un poco más auténticos.
3. La tercera, entregarse a cuantos le rodean: la solidaridad con todos por encima de razas, colores, apellidos, colores, edades, religiones, pensamientos y fortunas. No nos poseemos en propiedad, y nuestra vida carece de sentido si no es para entregarla en actos de amor concretos y eficaces. Hay que estar atentos a las nuevas formas de pobreza que están surgiendo. Hay que entregarse, con emoción, con las manos y con el alma, porque lo que hacemos con las manos lo hacemos a la vez con el alma... Nuestra felicidad pasa, necesariamente, por hacer felices a los demás.
4. Y, finalmente, estar abiertos a su vocación. Cuando se plantea con libertad sin complejos, se ofrece una ayuda impresionante. En las últimas Jornadas de la Juventud, Benedicto XVI dijo a los jóvenes: "Si no lo habéis hecho, planteaos seriamente si el Señor os pide seguirle de un modo radical en el ministerio sacerdotal o en la vida consagrada". Con esa misma claridad y entereza les hemos de hablar. Es tener el valor para decir la verdad y para decirla –como decía Bernanos- “sin añadirle ese sádico placer de hacer daño a quien la escucha”.
Por eso, y ya termino, al hablar de estas cosas hagámoslo con buen humor. Un Animador de PV es competente si siembra sus semillas entre sonrisas. Tiene, al menos, muchas más posibilidades de que calen entre los jóvenes. Cuando recuerdo mis años mozos descubro hasta qué punto se han ido al cubo de la basura casi todas las ideas que me predicaron aburridamente.
Con afecto de hermano y amigo,
Juan Carlos cmf




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