59 virtudes son demasiadas para uno solo
Angel Sanz, cmf
Agunos datos autobiográficos de Severino María Alonso, cmf, extractados de varias entrevistas.
Severino María Alonso, cmf
* VOCACIÓN: María y la misión están en el eje de mi vocación claretiana. Yo hubiera sido feliz en cualquier país del mundo dedicando mis energías a la gente más pobre, pero en el conjunto de un instituto misionero hay muchos servicios que se interrelacionan y que se dirigen hacia un objetivo común . A mí me encomendaron sucesivamente tres parcelas: la formación de nuestros misioneros, el gobierno religioso y la enseñanza de la teología de la vida consagrada.
* TRINIDAD. A mí me ha gustado siempre la síntesis. De muchacho no acababa de centrar y concentrar toda mi vida espiritual. Pensaba en las 59 virtudes que por aquel entonces señalaban los tratadistas de ascética y me decía a mí mismo lo que confesaba aquel humorista inglés: “Cincuenta y nueve virtudes son demasiadas para uno solo”.Durante el segundo año de filosofía tuve un “encuentro” que considero decisivo. Un encuentro personal, aunque a través de unos escritos. La mística carmelita, Isabel de l trinidad, me hizo descubrir, en el Misterio de la Inhabitación de la Santísima Trinidad, aquel núcleo unificador que yo andaba buscando. Desde ese momento concentré mis energías interiores en laq vivencia explícita de este Misterio. La Inhabitación de las Tres Divinas Personas se convirtió para mí en raíz y fruto, en contenido y en forma de mi vida espiritual y en núcleo de mi existencia cristiana y religiosa..
* JESUCRISTO. Esta vivencia me llevó al redescubrimiento progresivo de la Persona de Jesús. La teología para mí desde entones es cristología. El verdadero “cristocentrismo” es el único que asegura de manera eficaz que Dios y el hombre sean, a la vez e inseparablemente, “centro” y perspectiva de todo el universo. En la Persona de Cristo me encuentro personalmente con el Padre, con el Espíritu, con María Virgen, con la Iglesia, con María Virgen, con la Iglesia, con e incluso con el mundo entero. Y de forma expl´ñicita y consciente. todos los hombres La experiencia me lleva cada día a este centro o núcleo vivo.
* VIDA CONSAGRADA. La Vida Religiosa sólo se entiende desde él y para él. Se trata de seguirle con la vida. Pienso que la verdadera experiencia de Jesucristo no se consigue sólo con la mera reflexión, aunque ésta sea necesaria y constituya y constituya un elemento integrante de la misma. Resulta imprescindible la fe viva, es decir, la oración, la relación personal con él. Veo la Vida Religiosa como un ‘don’ original que se me está dando permanentemente. Es una mistad. Me gusta mucho definirla así, porque la amistad es una relación interpersonal de amor y de conocimiento recíproco.
* MARÍA. Siempre digo que si me fuera dado iniciar de nuevo mi vida, volvería a ser religioso, sacerdote y concretamente misionero claretiano, hijo del Corazón de María. Cómo se me estremece el alma, como pugnan a veces las lágrimas por llegar hasta los ojos, al recordar a María, al pronunciar su bendito nombre, al creer en su amor y al experimentar su indecible cariño hacia ella. Confieso que el amor filial a María, y desde luego la conciencia de su amor maternal. Desde que mi padre rezaba el rosario en casa, con inmenso respeto, y desde que mi madre, me hacía mirar hacia la capilla que estaba en medio del pueblo.
* CLARET. En un himno de la fiesta litúrgica de nuestro Padre, San Antonio María Claret, se dice, muy acertadamente: “Nunca en su cielo se eclipsó María”. Yo puedo asegurar, con inmenso gozo, que nunca en mi cielo se eclipsó María. ¡Por gracias suya, ciertamente.
* VIAJES. He viajado mucho. Sólo en México he estado en 35 ocasiones para dar cursos intensivos. En cierto sentido mi vida es una paradoja: soy muy casero, pero me he visto forzado a pasar horas interminables en aviones y aeropuertos; soy más bien conservador, pero la fe me ha empujado a ser audaz muchas veces; me encanta el silencio, pero he tenido que hablar más que un político en tiempo de elecciones.
* ANÉCDOTA. Recuerdo que durante mi estancia en el Líbano me abordó en la calle una muchacha cristiana que tenía ya muy apagada su fe. Vio la sotana y allí se fue para decirme a bocajarro que se iba a suicidar. Enseguida vi que no era el clásico timo de quien termina pidiéndote dinero. Estábamos cerca de casa y la invité a charlas un rato en el recibidor. La traté con gran cariño y respeto, y al oír su drama no pude evitar que se me saltaran las lágrimas Ella quedó conmovida. Y dijo: “Tiene que haber un Dios cuando hay personas que aman como usted”. Me confundió aquella reacción, y más el detalle que tuvo conmigo. Llevó su anillo a una joyería para que lo convirtieran en una cruz, y a los pocos días me regaló la cruz como gesto de agradecimiento.
Publicado el Lunes 05 de Octubre del 2009 - Noticias de la Vida Religiosa.




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